
Ya terminaron esos días... vuelvo al centro, al ansiado caos de autos y cajeros automáticos.
La "civilización" se extraña cuando uno está lejos pero de algo estoy segura: dejarla para luego volver tiene su encanto.
Todo este movimiento geográfico se lo debo a mi trabajo. Debo admitir que soy una privilegiada: si bien más de 9 horas de mi tiempo diario se consumen entre el viaje, las tareas laborales y algún que otro almuerzo o paseo por los alrededores, aprendí muchas cosas interesantes, visité algunos lugares desconocidos y otros no tanto y a pesar de mi esfuerzos por evitarlo conocí gente muy particular.
Pero de Saavedra me llevo, además del paisaje impregnado, un puñado de lindos recuerdos.
No creo que vuelva a subirme al 76 en un futuro cercano pero hasta su lento recorrido interminable me da un poquito de nostalgia.
Me dijeron que cuando uno la pasa bien siempre quedan puertas entreabiertas...
Tal vez vuelva, algún día, a cruzarlas.